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domingo, 2 de marzo de 2008

Caucusing o Juntas de Partido en Estados Unidos

JUNTAS DE PARTIDO

Derechos de Autor, 2008, Bron Barkley. Reservados todos los derechos. Permiso para copiar y redistribuir es permitido con la condicion de que todas las copias se hagan y distribuyan sin modificacion alguna, estas lleven incluidas el derecho de autor y una nota de permiso y se copien y distrubuyan sin cobro alguno. Ps. Bron Barkley

Febrero, 2008

"Juntas de partido" es una parte importante de la politica Americana. El diccionario de Webster define esto como: una reunion de los miembros de los gremios que pertenecen al mismo partido politico o bando, para usualmente elegir candidatos o decidir sobre los planes de accion que va a seguir el partido. Tambien: un grupo de personas unidas para promover un acuerdo sobre una causa comun.

Caucusing is a very useful tool for helping to form the opinion of a group of people who are dedicated to a common agenda (an agenda is a working list of stated values, purposes, tasks or goals). The essence of caucusing is: FIRST, confining the caucus participants to individuals who recognize each other as having the same overall purposes and values; SECOND, during the caucus session, conducting open discussion in which each participant is permitted to speak his (her) mind on the topics under consideration without fear of reprisal from any members of the group; and THIRD, taking a POLL (a VOTE) of the participants after discussion has been exhausted in order to ascertain the overall opinion of the group. It is best for this process to continue until all participants in the caucus can agree on a group opinion which they are all willing to support as individuals and as a group.

Una Junta de partido es una herramienta muy util para ayudar a formar la opinion de un grupo de personas que estan dedicados a una agenda comun (una agenda es una lista en funcionamiento de los valores establecidos, propositos, responsabilidades o metas). La esencia de una junta es: PRIMERO, acercar a los participantes de la junta a individuos que se reconocen mutuamente en tener sobre todo los mismos principios y valores. SEGUNDO, durante la sesion de junta, conducir discusiones abiertas en las cuales a cada participante se le permite dar su opinion sobre los temas en consideracion sin temor de ser rechazado por ningun miembro del grupo. Y TERCERO, tomar una votacion de los participantes despues que se haya agotado toda discusion a fin de determinar la opinion total del grupo. Es mejor que este proceso continue hasta que todos los participantes de la junta puedan ponerse de acuerdo en una opinion de grupo, la cual todos ellos esten dispuestos a apoyar como individuos y como grupo.

By using the caucus method of considering ideas and forming conclusions, a group can arrive at “group think” or a “corporate mind” on any given subject. This is extremely important in any political undertaking.

Al usar este metodo de juntas para considerar ideas y formar conclusiones, un grupo puede llegar a un "pensamiento de grupo" o una "mente corporativa" sobre cualquier tema que se presente. Esto es extremadamente importante en cualquier emprendimiento politico.

In politics, VALUES tend to be absolute. Especially for Christians, VALUES cannot be comprised in principle. In practice, the way to implement values in a diverse political environment can be very difficult. It is in this kind of circumstance that CAUCUSING can play a key role in decision making. While the members of the group (party leaders, local leaders, a town council, et cetera) may not compromise on the principles to which they are committed, they often must compromise on the methods for implementing their values. In some cases, in fact in most cases in very-diverse populations, implementation of values will often be difficult because of the intensity of competition for implementation of competing value systems in public policy.

En la politica, los VALORES tienden a ser absolutos. Especialmente para los Cristianos, los Valores no pueden ser comprometidos en su fundamento. En practica, la manera de implementar estos valores en una ambiente politico diverso puede ser bien dificil. Es en este tipo de circunstancia "las juntas de partido" pueden jugar un rol clave en la toma de desiciones. Mientras que los miembros del grupo (lideres del partido, lideres locales, consejales, etc.) no comprometen los principios a los cuales estan entregados, muchas veces ellos tienen que comprometer los metodos para implementar sus valores. En algunos casos, mas bien en muchos casos en poblaciones muy diversas, la implementacion de valores va a ser muchas veces dificil a causa de la intensidad de competencia para implementar sistema de valores que compiten para una regulacion publica.

It is not pleasant to say, but the truth is that Christians who want to implement godly values into a non-Christian culture will have to find very creative ways to do so. The reason is simple: the public may not value godliness and the Christian politicians will have to find ways to demonstrate to the non-Christian public that implementing Christian values into their life is in the public’s own best interest.

No es placentero decirlo, pero la verdad es que Cristianos que quieren implementar valores de Dios dentro de una cultura no Cristiana, tienen que encontrar formas bien creativas para poder hacerlo. La razon es simple: el publico no valora la piedad y los politicos cristianos van a tener que buscar formas para demostrar al publico no Cristiano, que el implementar valores Cristianos en sus vidas va a ser lo mejor para los intereses del pueblo.

In a way, committed Christian politicians can be a tremendous witness for Christ. The way in which they conduct themselves in public life and the kinds of good public policy that they generate can show to non-Christians the benefit in their practical living that derives from serving the LORD Who gives life and blessing through the implementation of His righteousness and wisdom into everyday life.

En un sentido, los politicos Cristianos comprometidos pueden ser tremendos testigos para Cristo. La manera en la que ellos se comportan en la vida publica y las buenas regulaciones publicas que ellos generen, puede mostrar a los no Cristianos el beneficio en sus vidas practicas que deriva del servicio al Senor, aquel que da vida y bendicion atraves de la implemetacion de su Justicia y sabiduria en la vida diaria.

So then, one skill that Christians should develop is the skill of CAUCUSING. The more that Christians can generate “group think” as they wrestle with complicated issues in which they seek to invest godly values into public policy-making, the more they will become able to handle new issues and problems in a processed way that generates superior results. In other words, becoming “practiced” at caucusing will cause a group to become skilled at handling difficult issues quickly, efficiently and effectively. The members will be UNITED as they come forth from the caucus to deal with opposition from others who do not think as they do.

Entonces, una habilidad que los Cristianos deben desarrollar es la habilidad de LAS JUNTAS DE PARTIDO. Cuanto mas los cristianos puedan generar "un pensamiento de grupo" cuando contienden con asuntos complicados en los cuales buscan invertir los valores que provienen de Dios en la elaboracion de normas publicas, es cuanto mas podran llegar a manejar nuevos asuntos y problemas de una manera sistematica que va a generar resultados superiores. En otras palabras, el llegar a ser "practicantes" de las juntas de partido esto va a causar que el grupo sea habil en el manejo de asuntos dificiles de una manera rapida, eficiente y efectiva. Los miembros estaran UNIDOS cuando salen de la junta para enfrentarse con la oposicion de los que no piensan como ellos piensan.

When a CAUCUS agrees on a stated result of its “group thinking” then the members of that caucus will not only be UNITED in what they think and why they think as they do, but they will also be committed to WORKING TO IMPLEMENT the policy in the difficult process of political competition. They will not be caught off guard by their adversaries, and they will have already talked through all the issues as they see them and will be prepared to take a stand on VALUES (which they cannot compromise) and on APPLICATIONS (which they may be able to compromise in order to obtain a publicly-acceptable implementation of their values).

Cuando Una JUNTA DE PARTIDO se pone de acuerdo sobre un resultado establecido de su "pensamiento de grupo" entonces los mienbros de esa junta no solo estaran unidos sobre lo que piensan y porque piensan de esa manera, pero tambien estaran comprometidos a TRABAJAR PARA IMPLEMENTAR las normas en el dificil proceso de una competencia politica. No se les va a encontrar sin alerta por sus oponentes, porque ellos ya se pusieron de acuerdo sobre todos los temas que se les presentaron y estan preparados para defender sus VALORES(que no pueden comprometer) y sus APLICACIONES (que se puede comprometer de manera que se pueda obtener una implementacion politica aceptable de sus valores)

Christians who learn to caucus well and who practice caucusing until they are very good at solving political problems in a way that is beneficial to all will become good witnesses for the LORD in public debate and will become effective politicians in a diverse public environment.

Los Cristianos que aprenden a como tener buenas juntas de partido y practicarlas hasta ser expertos en resolver problemas politicos de manera que esta es de beneficio para todos, vendran a ser buenos testigos del SENOR en debates publicos y llegaran a ser politicos efectivos en los diversos ambientes publicos.

sábado, 9 de febrero de 2008

[Reespublica] Diez lecciones sobre el liderazgo que aprendí a fuerza de golpes

 

De Desarrollo Cristiano

LIDERAZGO
por Samuel O. Libert
En nuestro ejercicio del liderazgo se reciben muchos golpes. Cada uno tiene diferente fruto en nuestra vida y ministerio. Unos corrigen actitudes e ideas erradas, otros construyen carácter, también hay los que afinan la visión de nuestro ministerio. En el artículo, el autor nos comparte de su propia experiencia lo que él aprendió por los golpes recibidos.

Primera lección: «Por la gracia de Dios soy lo que soy»

No sé si todos los líderes sienten lo mismo, pero a mí me agrada ser líder. Cuando era adolescente me preguntaba interiormente si eso no sería un pecado. ¿Es pecado sentirse a gusto como líder?… Sí, cuando te mueve el orgullo. No, cuando sientes que Dios te llama a servir. Pero ¿qué pasa cuando ocurren ambas cosas al mismo tiempo?… Me sentía llamado a servir, pero el problema era mi orgullo. Tenía quince años y era presidente de la unión de jóvenes de mi iglesia. Deseaba ser admirado, elogiado, respetado. Soñaba con caminar en medio de la multitud y que la gente dijera al verme pasar: «Allí va Samuel, el líder». Soñaba con recibir aplausos y halagos. No era consciente de mis faltas. Días atrás un periodista le preguntó a una mujer que tiene liderazgo político en la Argentina: «Señora, ¿cuáles son sus defectos?» Ella contestó: «Mi defecto es no saber cuáles son mis defectos». Así era yo. En mi adolescencia imaginé que el diablo me llevaba a un monte para ofrecerme la fama y la gloria de este mundo. Una vez pensé en eso y tuve miedo. Lo recordé años después en Barcelona, cuando el pastor Bonet me condujo hasta la cumbre del monte Tibidabo para mostrarme una espléndida visión panorámica de aquella ciudad, y me preguntó: «¿Sabes por qué este monte se llama Tibidabo?». «No», —le contesté. «Hay una vieja leyenda», —me dijo, «que supone que aquí Satanás le mostró a Jesús el mundo y su gloria diciéndole: «Tibidabo, te lo daré». No lo he olvidado. He aprendido que en el liderazgo hay muchas tentaciones de gloria. Todo líder puede encontrarse con un Tibidabo. El Señor tuvo que quebrantarme un día, tiempo después, hasta llevarme a reconocer, como el apóstol Pablo, que tan sólo «por la gracia de Dios soy lo que soy» (1 Co. 15:10).

Segunda lección: Ser líder no significa ser juez

Tenía dieciocho años y había ido a predicar ante una pequeña congregación en uno de los suburbios más pobres de la ciudad. Con el impulso propio de la edad dije algunas palabras muy fuertes, amonestando a los hermanos. Uno de ellos, anciano, interrumpió mi sermón y, puesto en pie, me dijo: «Usted es un mentiroso y un hipócrita». No supe qué hacer ni qué decir. En ese momento todos guardaron silencio y yo me sentí impulsado a abandonar el púlpito. Pero no lo hice. Con los ojos nublados por las lágrimas traté de terminar mi mensaje sin referirme al incidente, agregué algunas frases más o menos incoherentes, e inmediatamente regresé a mi casa. Me sentía profundamente herido, humillado, agraviado, y lloré largamente. No quise reconocer que en mi mensaje yo había sido injusto con la congregación. Tampoco pensé que la reacción del anciano que me había reprendido era comprensible, pues había sido provocada por mi propia altivez. Además, considerándome lastimado por una grave ofensa, no tenía la menor intención de perdonar al culpable de esa agresión verbal. Comencé a cultivar pensamientos tan extravagantes como: «Esto me pasa por ser líder. Es el precio que tengo que pagar por el liderazgo. Soy una víctima de la agresión del pueblo, como Moisés en el desierto», etcétera. Hay muchos líderes que se sienten víctimas. En esos días me sentí un líder víctima. Es más cómodo sentirse víctima de una injusticia ajena que reconocer la injusticia propia. Abusando de mi condición de «líder incipiente» yo había prejuzgado a un grupo de fieles cristianos. Ser líder no significa ser juez. Gracias a Dios, muy poco tiempo después el anciano y yo pudimos llegar a una genuina reconciliación y a comprender mejor los valores del pasaje de Mateo 7:1-5.

Tercera lección: Además de ser fuerte, el líder debe saber perdonar

Esta lección se parece a la anterior, pero no es igual. En mis años de estudiante me tocó leer la novela gauchesca Don Segundo Sombra, del autor argentino Ricardo Güiraldes. Me sentí impactado por un pasaje en el que un hombre le daba algunos latigazos a un joven y le decía: «¡Hacete duro muchacho!» (hazte duro, muchacho). El doctor Stanley Jones, médico misionero en la India, afirmaba que sería ideal que el buen líder tuviera piel de rinoceronte (¿o de hipopótamo?) para no sentirse herido por las flechas de sus adversarios. Desde distintos ángulos ambos escritores enfatizaban la importancia de la fortaleza del líder o del futuro líder. A veces un líder es objeto de ataques injustos, de acusaciones falsas, de intrigas palaciegas carnales. ¿Qué debe hacer? ¿lamentarse? ¿abandonar la carrera? ¿darse por vencido? Los grandes hombres de la Biblia pasaban a través de tales crisis tomados de la mano de Dios. El apóstol dijo a los cristianos de Corinto: «Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado, pero el que me juzga es el Señor» (2 Co. 4:3,4). El verdadero líder es fuerte. El verdadero líder sigue adelante. El verdadero líder ama a toda la gente. El verdadero líder perdona, como el gran líder Esteban perdonó a sus victimarios.

Cuarta lección: «El líder cristiano no da órdenes, sino que las recibe del gran Jefe y las obedece»

Varios pastores viajábamos en un autobús rumbo al sur de la Argentina. A mi lado se sentó un veterano siervo de Dios, mucho mayor que yo. En un momento de la conversación me dijo: «Casi todo líder suele atravesar un proceso hacia la madurez. Durante el primer período cree que puede alcanzar todo lo que se proponga. En el segundo período se siente frustrado y piensa que no puede hacer nada. Y en el tercer período comprende, por fin, que sólo Dios es el que hace todas las cosas». Aunque no se lo dije, yo me sentía en el segundo período, ¡y en el primero me había ido bastante mal!… Tenía poco más de veinticinco años de edad. Había alcanzado ciertas ventajas materiales en una gran compañía de seguros, ocupaba también varios cargos denominacionales, pero me sentía desconcertado. Las cosas no salían como yo quería. No estaba satisfecho. En realidad, arrastrado por la inercia, seguía dedicándome a las tareas del primer período, pero ya no creía que podría conseguir todo lo que me propusiera. Me hallaba exactamente en la condición descrita por mi compañero de viaje. Pensaba que no podía hacer nada más. Pero, a causa de la plática, vinieron a mi memoria unas palabras de la Biblia: «Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Fil 2:13) ¿Qué lugar había dado a Dios en mis planes?… Claro, eran mis planes. Yo los hacía, y después pedía que Dios «pusiese su sello de aprobación». No estaba habituado a pensar seriamente en los planes del Señor y seguirlos. Un amigo me dijo una vez: «El líder cristiano no da órdenes. El líder cristiano recibe órdenes del Gran Jefe y las obedece». Tenía razón. Tuve que aprenderlo.

Quinta lección: Un líder debe trabajar en equipo

En los primeros años de mi liderazgo pretendía hacer todas las cosas solo. No sabía trabajar en equipo. A veces me sentaba ante la máquina de escribir hasta la madrugada. Viajaba por la noche a Buenos Aires (o a otra ciudad), tenía reuniones todo el día, y regresaba a Rosario viajando otra vez durante la noche siguiente. Generalmente eso ocurría los sábados. Cuando llegaba a mi casa ya era la mañana del domingo y debía ir a predicar a la iglesia, además de enseñar en una clase de la escuela dominical. Después comía velozmente, dormía una breve siesta e iba a ocupar nuevamente el púlpito. Durante la semana también trabajaba con un ritmo acelerado y obsesivo. Así se veía afectada mi vida familiar y se deterioraba mi salud física, emocional y espiritual. En lo físico, porque no tenía suficiente descanso. En lo emocional, porque vivía preso de toda clase de tensiones. En lo espiritual, porque era mal mayordomo del tiempo y eso me llevaba a abandonar responsabilidades en el hogar y a descuidar muchos aspectos de la misión de la iglesia. Muchas veces mi esposa tenía que reemplazarme. Pero un día, durante los momentos humorísticos de un campamento evangélico, unos jóvenes imitaron risueñamente mi manera de ser. Lo hicieron con mucha sabiduría. Esa hora amena me trajo un mensaje del cielo. Fue como la voz de Jetro diciéndole a Moisés: «No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo… No podrás hacerlo tú solo» (Ex. 18:17,18). Y el consejo de Jetro seguía: «Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga sobre ti, y la llevarán ellos contigo» (vv. 21,22). Hasta entonces Moisés contaba con el apoyo de «los ancianos de Israel» (Ex. 3:16), pero en el ejercicio concreto del liderazgo y la atención del pueblo, él estaba completamente solo (Ex. 18:13-16). Necesitaba tener un equipo bien organizado, un grupo de colaboradores con quienes compartir el liderazgo. Jetro le mostró el camino. Y a mí también. Un líder debe trabajar en equipo.

Sexta lección: El líder sabe ganar y perder sus batallas

Todo líder tiene que acostumbrarse a perder algunas batallas. A veces perdemos en un debate con los demás miembros del equipo, porque los demás tienen razón y nosotros no. Otras veces, aunque tengamos la razón, también perdemos porque ellos analizan el asunto desde otro punto de vista. Lo difícil es decidir qué pasos vamos a dar después de perder la batalla. En general, las batallas protagonizadas por el liderazgo no son sobre temas teológicos sino sobre criterios administrativos y otros asuntos prácticos. Por ejemplo, suele ser un debate relativo a la computadora que hay que comprar para la tesorería, porque es necesario reemplazar el modelo que estamos usando actualmente. O una discusión sobre las características que debe tener la ampliación y reparación del edificio dedicado a la educación cristiana. O un estudio para coordinar los calendarios de actividades de todos los organismos de nuestra iglesia. Etcétera. Si perdemos la batalla, el primer paso es aceptar la voluntad de la mayoría, salvo que la mayoría haya tomado decisiones antibíblicas, como —por ejemplo— suprimir la Cena del Señor, abandonar la práctica del bautismo, o negar alguna doctrina fundamental. Fuera de tales excepciones, es bueno someterse democráticamente a lo que los demás hayan resuelto aunque no nos agrade el tipo de computadora o el color de la pintura del edificio. El segundo paso es no comentar con otros hermanos nuestro disgusto por la decisión adoptada. La siembra de críticas produce malos frutos, sobre todo cuando procede de un líder. El líder no ha de ser hipersensible, sino maduro.

Hay denominaciones, iglesias y organismos varios que eligen a sus directivos mediante el voto de sus miembros. Si un líder no resulta nombrado, debe aceptar ese hecho sin sentirse menospreciado por sus hermanos. El liderazgo no siempre depende del cargo que uno ocupa. A Diótrefes le gustaba «tener el primer lugar entre ellos» (3 Jn. 9); pero él no era realmente un líder. Los que no son verdaderos líderes se envuelven en guerras despiadadas contra hermanos que están en el liderazgo, como si ignorasen que Dios nos ha dado espíritu de dominio propio (2 Ti. 1:7) para todas las circunstancias.

El tercer paso es orar por los que ganaron la batalla y brindarles nuestro amor fraternal. Un predicador latinoamericano dice: «no ores a los santos; ora por los santos, por tus hermanos en la fe». La oración favorece la unidad. En mi congregación hay un equipo de 56 líderes fieles, hombres y mujeres que sirven al Señor y trabajan en la iglesia. No todos piensan igual. No todos tienen los mismos criterios. Pero ellos saben ganar y, sobre todo, saben perder batallas. Permanecen unidos en sus respectivos ministerios, sin magnificar sus diferencias de opinión. Eso es lo que Pablo pidió a Evodia y a Síntique (Flp. 4:2). Así la iglesia de Filipos podía regocijarse en el Señor.

Séptima lección: Las críticas deben hacer crecer al líder

Un buen líder no debe limitarse a aceptar las críticas. También tiene que investigar si las críticas son fundadas y cambiar lo que haya que cambiar. No es extraño que algunas veces los líderes oigamos ciertas críticas asumiendo una actitud de tolerancia y benevolencia, para después echarlas en saco roto sin analizarlas seriamente. Por supuesto, no sería sano rasgarnos las vestiduras y mesarnos los cabellos si creemos que las críticas son injustas (tal vez no sean tan injustas). Pero tampoco es sano actuar con indiferencia ante las críticas razonables. Es obvio que todo líder está expuesto a la crítica, porque cumple su ministerio ante la mirada de muchos. Pero no debe ignorar la opinión de sus críticos. Jesús preguntaba: ¿Quién dice la gente que soy yo?» (Lc. 9:18). Había distintas respuestas en cuanto a su identidad. También había personas que lo admiraban y otras que lo rechazaban. A veces caemos en el error de citar al Quijote cuando dice: «¿Ladran, Sancho? Señal que cabalgamos». Es mejor dejar a Cervantes y averiguar si las críticas pueden ayudar a mejorarnos y crecer. Hay líderes que imaginan que cada crítica es un ataque. Es mejor reconocer que cada crítica es un desafío, un reto que nos impulsa a seguir perfeccionando nuestro ministerio. Yo agradezco a mis críticos. Unos corrigieron mis errores en el púlpito. Otros señalaron mis defectos en el ministerio. Algunos me dieron nuevas ideas. Hubo cosas que me dolieron, y otras me hicieron sonreir. Pero todas las críticas son y siguen siendo útiles. Pienso que, en última instancia, las críticas son herramientas en las manos del Gran Alfarero.

Octava lección: Los líderes deben tomar decisiones difíciles, confiando en el Señor

Años atrás unos jóvenes me preguntaron si entre los instrumentos musicales que se usaban en el culto podían incluir una batería (un conjunto de instrumentos de percusión como los que tienen las bandas de rock, jazz y otros ritmos). Como entonces el uso de las baterías no se había generalizado tuve algunas dudas. Pensé en las tradiciones de mis padres y otros antepasados. Consideré también las antiguas costumbres de algunos diáconos y ancianos de la congregación que antaño habían llegado desde distintas regiones de España, Polonia y Holanda. Y contemplé, además, lo que dirían otras iglesias y otros líderes. Durante unos días tuve la intención de contestar «no». Hubo una época en que el órgano, el piano y el armonio a pedal eran los únicos instrumentos musicales aceptados en los cultos. Me acordaba de los muchos hermanos mayores que se habían escandalizado por el uso de guitarras en las reuniones. Sin embargo, leyendo el salmo 150 y otros pasajes vi que la Biblia apoyaba el uso de toda clase de instrumentos en la alabanza. Entonces dije que «sí»

La historia no terminó allí. Pocas semanas después un anciano de la congregación enfermó gravemente. Me llamó a su lecho de muerte y me dijo: «Mi última voluntad es que en la iglesia deje de usarse la batería. Que tal instrumento nunca vuelva a oírse en los cultos». Por supuesto, no era el momento de iniciar una discusión. Leímos unas porciones de la Biblia, como el salmo 23 y otros pasajes de inspiración, y oramos. Pocas horas después, este querido anciano partió a la eternidad. ¡Pero varios hermanos se habían enterado de su última voluntad! ¿Qué hacer? Se planteaba un conflicto entre la voluntad del anciano, la de los jóvenes y, por encima de todo, la de Dios. Como líder debía tomar una decisión en consulta con mi equipo, o tendría que llevar el asunto a la asamblea general de los creyentes miembros de la iglesia para que ellos resolvieran el problema después de un debate que podría causar dolorosos enfrentamientos. Oramos mucho y pensamos: «Un día estaremos en el cielo con este amado anciano, y allí conversaremos sobre el tema. Mientras tanto, por ahora vamos a seguir usando la batería en los cultos y veremos qué pasa». Nadie se opuso, y la iglesia fue grandemente bendecida. Muchos jóvenes fueron ganados para Cristo. Aquella batería se siguió usando con inteligencia, sin caer en el vicio del ruido ensordecedor. Hemos aprendido que Dios quiere que los líderes se atrevan a tomar decisiones difíciles, confiando en Él. «Jehová dijo a Moisés: ¿Por que clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen» (Ex. 14:15).

Novena lección: El líder no debe tener un ministerio selectivo para agradar y satisfacer

En un hermoso país, que aquí prefiero no identificar, fui invitado a predicar en varias campañas de evangelización durante un mes en distintas ciudades, como lo hacía de vez en cuando en otros lugares. En una de las cruzadas me acompañó todos los días un buen cantante cristiano. La noche de apertura, mientras él cantaba su primera canción, algunos muchachos se burlaron a gritos, le silbaron y le arrojaron colillas de cigarrillos y cáscaras o pieles de frutas. Después todo prosiguió normalmente. El programa de la comisión organizadora indicaba que en el momento de la invitación el cantante debía entonar el himno «Tal como soy» u otro similar. El pianista tocó el preludio dos o tres veces, pero el cantante se negó a cantar. Fue un momento difícil, aunque ello no impidió que hubiera decisiones. Al terminar la reunión conversé con él. Me dijo literalmente: «No quiero cantar para un público inculto». Le contesté: «Tú no debes cantar para el público. Tú tienes que cantar para Dios. Además, entre ese público, como tú lo llamas, hay centenares de personas que necesitan entregarse a Cristo. Invítalas con tu canto a aceptar al Señor. No eres un artista que busca los aplausos de la gente. Eres un líder que conduce a las almas a los pies del Salvador». Pero mi exhortación fue inútil. Aquel cantante, joven aún, quería tener un ministerio selectivo, destinado a los que él deseaba halagar y satisfacer, que supieran apreciar su arte, su calidad interpretativa, y no a aquellos que él consideraba «público inculto». Esto ocurrió hace mucho tiempo, pero entonces me hice una pregunta que sigo repitiendo: ¿No hay líderes de todo tipo, no sólo cantantes, que por su propia decisión se limitan a ministerios selectivos, buscando agradar a determinado tipo de personas al margen de las verdaderas necesidades de la gente sin Cristo y del pueblo de Dios? ¿no se parecen a los falsos profetas?… Durante la «reunión cumbre» de los reyes Acab, de Israel, y Josafat, de Judá, unos cuatrocientos profetas falsos se complacían en halagar a los distinguidos soberanos y sus acompañantes. Se trataba de un público selecto. Había que decir y hacer cosas agradables. El líder del grupo, Sedequías, hijo de Quenaana, aseguraba que Jehová le había revelado que Acab y Josafat se apoderarían de la ciudad de Ramot de Galaad, que estaba bajo el control de Siria. Eso era lo que los reyes querían oír. Sin embargo, perdieron la guerra (1 Re 22 y 2 Cr. 18).

Décima lección: El líder no debe sacar ventaja propia de sus relaciones con políticos

En América Latina la inestabilidad política no es extraña. En su historia se notan con cierta frecuencia los cambios de gobierno por golpes de estado o movimientos revolucionarios. La actividad de las guerrillas ya no sorprende a nadie. El problema para un líder cristiano es el riesgo de equivocar su estrategia. He predicado en casi todos los países de América Latina, con toda clase de gobiernos. Años atrás, al terminar un programa de televisión en un país que no era el mío, recibí la llamada de un dictador latinoamericano. Me llamó directamente a la estación, un minuto después de haber finalizado mi plática, y me dijo: «Preséntese mañana a las 10 a.m. en el Palacio de Gobierno. Identifíquese ante la guardia, y ellos lo llevarán a mi despacho. Quiero que conversemos personalmente». Como es lógico me presenté a la hora señalada y fui inmediatamente recibido por el Jefe de Estado. Se interesó en mi nacionalidad y origen étnico. Luego me preguntó: «¿Cree usted realmente en lo que dijo ayer por televisión?» Su inquietud era auténtica. Más adelante me dijo: «Comprenda usted que yo no puedo hacerme protestante. Tengo compromisos». Hablamos durante unos quince minutos. Me dijo que a lo largo de su gobierno había sido visitado por religiosos de distintas iglesias: «Me regalan Biblias, rezan y se van. Creo que algunos, no todos, utilizan estas entrevistas para hacerse propaganda». Me pareció que el dictador podía estar equivocado. Los líderes deben ser prudentes. Al despedirnos confesó que le interesaría mantener una buena relación con Dios. Ese había sido el tema de nuestra conversación. El rey Agripa dijo a Pablo: «Por poco me persuades a ser cristiano» (Hch. 26:28). Pero antes Pablo le había dicho que él había sido enviado por Jesús a abrir los ojos de los gentiles «para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios» (v. 18). El apóstol no intentó utilizar la entrevista con el rey Agripa en beneficio propio. Es otra lección importante.

Samuel Libert, de nacionalidad argentina, es pastor y evangelista internacional, maestro de Biblia y pastor por más de cincuenta años. Apuntes Pastorales, Volumen XVII, número 2.

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